viernes, 28 de septiembre de 2012

La Princesa olvidadiza.



Había una vez una princesa muy hermosa y sensible, y aunque tenía muchos pretendientes, ninguno le pidió en boda, porque ella tenía un problema, era olvidadiza.
Sin embargo, no se olvidaba de todo, apenas de una cosa, que se había enamorado el día anterior. Esto obligaba  a los chicos a tener que reconquistarla todos los días. Aun que la tarea no era difícil (porque ella se enamoraba con facilidad), todos le tenían miedo.
Finalmente apareció un pretendiente  muy determinado  y se casó con ella. Cuando hicieron cinco años de casados, el rey hizo una gran fiesta, al ver su hija feliz, radiante y más linda que nunca, le pregunto al chico.
El problema de mi hija: … bien, ¿ustedes lo están superando? ¿O ha estorbado su matrimonio?
No, mi rey, al contrario, tener que conquistarla a cada día no es un problema, es una bendición. Esa es la fuerza de nuestro matrimonio.
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil.” 1 Pedro 3:7

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