sábado, 10 de agosto de 2013

El Siervo y su relación personal con Dios.



Dios, Dios mío eres tú;
De madrugada te buscaré;
Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
En tierra seca y árida donde no hay aguas,
   Para ver tu poder y tu gloria,
Así como te he mirado en el santuario.
   Porque mejor es tu misericordia que la vida;
Mis labios te alabarán.
   Así te bendeciré en mi vida;
En tu nombre alzaré mis manos.
   Como de meollo y de grosura será saciada mi alma,
Y con labios de júbilo te alabará mi boca,
   Cuando me acuerde de ti en mi lecho,
Cuando medite en ti en las vigilias de la noche.
   Porque has sido mi socorro,
Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.
   Está mi alma apegada a ti;
Tu diestra me ha sostenido.
   Pero los que para destrucción buscaron mi alma
Caerán en los sitios bajos de la tierra.
   Los destruirán a filo de espada;
Serán porción de los chacales.
   Pero el rey se alegrará en Dios;
Será alabado cualquiera que jura por él;
Porque la boca de los que hablan mentira será cerrada.  (Salmo 63.1-11).

 
Para algunos Siervos, es bastante sencillo darse cuenta cuando alguien trata de llenar con cosas equivocadas el vacío que tienen de Dios en sus vidas. Sin embargo, les resulta difícil ver ese mismo error en sus vidas redimidas. Muy fácilmente ponemos manos a la obra para Dios sirviendo, enseñando, predicando y yendo a Evangelizar. Ninguna de estas cosas son malas; de hecho, todas son buenas. Pero muchas veces son un intento equivocado de crear una sensación falsa de intimidad con Dios.
¿Por qué escoge un Siervo tener una cercanía artificial con el Señor Jesús, si lo que Él quiere es dar a sus hijos lo auténtico? Por dos razones: Primero, porque para recibir su gracia es necesario que nos hagamos vulnerables y seamos humildes. No hay nada que podamos darle o hacer para el Señor Jesús que nos limpie de pecado. Segundo, porque para que una relación amistosa sea buena se requiere de trabajo arduo, y eso también se aplica a nuestra relación con Dios.
Para conocer realmente al Señor Jesús, usted tiene que leer la Biblia y meditar en lo que  está leyendo. No puede mantener una estrecha relación con Dios si no hace caso a sus preceptos. Usted debe, por tanto, llenar su mente con las cosas de Dios y renunciar a las influencias mundanas. Además, una vida de oración es fundamental para relacionarnos con Dios. Estas cosas no suceden por casualidad, sino que exigen un esfuerzo deliberado de cada Obrero(a), de cada Siervo de Dios.
En pocas palabras, cuando satisfacemos nuestra sed con agua viva, ya no estamos sedientos. Cuando vivimos en comunión con Dios, la tentación por esforzarnos para lograr la santidad con nuestras propias fuerza cesa, permitiendo que nuestro servicio, ofrendas, sacrificios y  adoración, glorifiquen sinceramente al Dios a quien servimos.
Piense en esto y que Dios los bendiga

jueves, 8 de agosto de 2013

El que ama a Dios.



"Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él." Juan 14:23

 Aquí, el Señor nos habla del misterio más grande y más profundo: El Padre y el Hijo hacen  por medio del Espíritu Santo "morada" en una persona que ama a Dios. Tú abres la puerta de la morada de tu corazón y, de pronto, encuentras al mismo Señor morando en ella. Es precisamente esto lo que quiere decir el profundo versículo de Proverbios 8:17: "Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan." Este "temprano me buscan", nos habla de que El quiere ser el primero en tu vida, que buscar al Señor debe ser la principal prioridad de tu corazón. "Temprano me buscan" también habla de los que buscan al Señor de mañana temprano, a primera hora de la mañana. Imagínate: El Dios trino, el Padre y el Hijo, por medio del Espíritu Santo, quieren hacer "morada" en un hombre mortal.
La pregunta que surge de esto, para ti que le amas y guardas Su palabra, a fin de poder ser una morada para el Señor Jesús, es la siguiente: ¿Eres tú, realmente, una morada de Dios? ¿Cuando el Señor responde a los que le buscan: "Vengan y vean, yo moro aquí", puede señalar hacia tu corazón con alegría para decir que mora en tu vida? ¿Tu corazón hace que el Señor Jesús se sienta como en Su casa?
                                           Piense en esto y que Dios los bendiga.

miércoles, 7 de agosto de 2013

El por qué de las tormentas de la vida.





"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. (2 Corintios 1:3-5).

Al Señor Dios nunca se le toma por sorpresa. Él sabe por todo lo que estamos pasando y está dirigiendo todas nuestras circunstancias tanto para nuestro bien como para su gloria, conforme a su buena voluntad.
Uno de los propósitos de las dificultades es limpiarnos. Por nuestra naturaleza “carnal”, y el mundo egocéntrico en que vivimos, es fácil desarrollar actitudes centradas en uno mismo, prioridades confusas y costumbres impías. Por tanto, las presiones que nos sobrevienen en situaciones tormentosas tienen el propósito de llevarnos al arrepentimiento. Nuestras pruebas no son para hundirnos, sino más bien para purificarnos y llevarnos de vuelta al camino del temor a Dios.
Otra razón para la lucha es enseñarnos cómo consolar a otros. La obra de Dios en nuestras vidas no es solamente para nosotros. Está diseñada para que alcancemos a un mundo que no conoce al Señor Jesús. Él usa las presiones que enfrentamos para prepararnos en cuanto al servicio a los demás. Cuando padecemos sufrimientos, descubrimos el poder de Dios, su presencia consoladora y su  fortaleza para ayudarnos a soportar. Nuestro testimonio durante los tiempos de dificultad será auténtico; aquellos a quienes predicamos reconocerán que conocemos y comprendemos su dolor.
Reflexionar en el propósito divino que hay detrás de nuestras dificultades, puede ayudarnos a responder a ellas de una manera que honre a Dios. Las lecciones de Dios normalmente se ponen en claro gradualmente, pero Él estará caminando al lado suyo a lo largo de todo el camino.

jueves, 1 de agosto de 2013

El Valor de una Amistad



Un hombre transitaba por un camino con su caballo y su perro, cuando de pronto se encontraron en medio de una tormenta muy fuerte. Para cubrirse, se refugiaron debajo de un enorme árbol, pero cayó un rayo y los tres murieron. El hombre no se dio ni cuenta de lo que había pasado y prosiguió su camino con sus dos amigos, sólo sabía que los tres estaban sedientos. En un lugar del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza. En el centro había una fuente de donde manaba abundante agua cristalina, así que el hombre se dirigió a quien custodiaba la entrada: Buenos días. ¿Cómo se llama este lugar tan bonito? Esto es el Cielo. Sin hacer mucho caso dijo: Tenemos mucha sed, necesitamos beber. Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera y le señaló la fuente. Pero mi caballo y mi perro también tienen sed. Lo siento mucho dijo el guardián, pero aquí no se permite la entrada a los animales. El hombre, a pesar de tener muchísima sed, dijo que no bebería si sus amigos no lo podrían hacer, se despidió del guardián y siguió. Después de caminar un buen tiempo cuesta arriba, ya exhaustos, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una vieja puerta que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles, había un hombre descansando. Buenos días, dijo el caminante. El hombre respondió con un gesto. Tenemos mucha sed. Hay una fuente entre aquellas rocas, dijo el hombre, indicando el lugar. Podéis beber toda el agua, que necesitéis. El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y bebieron hasta saciarse. El peregrino volvió atrás para dar las gracias al hombre. Podéis volver siempre que queráis, le respondió. A propósito, ¿cómo se llama este lugar? -El Cielo. ¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que el Cielo estaba allí!  Aquello no es el Cielo, es el Infierno, contestó el guardián. El caminante quedó perplejo. ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta falsedad debe provocar grandes confusiones! ¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar… a sus mejores amigos.
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