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sábado, 8 de febrero de 2014

Nuestro valor

                       



Imagínese que le estoy dando un billete nuevo de cien dólares,  ¿Lo quería? ¡Lo más probable es que sí! Ahora Imagínese que tomara yo el billete y lo arrugara  un poco y ahora no se vea tan bonito como cuando salió de la casa de la moneda. ¿Aún así lo querría? ¡Claro! Pero espere, ¿que  tal si saliera del estacionamiento, lo tirara al suelo y yo lo pisoteara hasta que ya ni se percibiera el dibujo del billete? Ahora estaría sucio, manchado y maltratado. ¿Todavía lo querría?
Por supuesto. ¿Porque? Porque todavía tiene el valor a pesar del mal trato que ha recibido. Cien dólares son cien dólares. No pierde su valor simplemente porque ha envejecido, porque no se ven tan bien como solía o porque ha sufrido algunos golpes en la vida.
Dios ve a cada uno de nosotros  de la misma manera. Todos pasamos por retos y luchas,  y a veces nos sentimos como aquel billete de cien dólares, todo arrugado y sucio. Pero igual que el billete, ¡todavía tenemos valor también! De hecho nunca, nunca perderemos nuestro valor. Ese valor ha sido puesto en cada uno de nosotros por el creador del universo,  y nadie puede quitarnos eso.
No permita que otras personas, o circunstancias de la vida le quiten este valor.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Volar Sobre la Tormenta







¿Sabías que un águila sabe cuando una tormenta se acerca mucho antes de que empiece?
El águila volará a un sitio alto para esperar los vientos que vendrán. Cuando la tormenta cae, coloca sus alas para que el viento las agarre y le lleve por encima de la tormenta. Mientras que la tormenta este destrozando abajo el águila vuela por encima de ella. El águila no se escapa de la tormenta. Simplemente la usa para levantarse mucho más alto que ella, y así usar los vientos que vienen con la tormenta.
Las tormentas, los hornos de fuego, los vientos recios, inevitablemente llegarán a nuestra vida…Tienes dos opciones, o te quedas revoloteando debajo de las dificultades, envuelta en un mar de problemas o extiendes tus alas, y subes sobre la tormenta, hacia el monte de Dios. ¡Tú decides!
Isaías 43:2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti…
Isaías 43:2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti…
Nuestro Dios nos advierte que pasaremos por muchas dificultades en esta vida, pero también nos promete que Él estará en cada una de esas situaciones con nosotros … y es ahí, en ese momento crucial de nuestra realidad, que tendremos que tomar una decisión trascendental… o quedarnos en el centro del tornado, o usar la fuerza de ese mismo viento para impulsarnos hacia las alturas del monte santo, sabiendo que si logramos escalar a los lugares altos, estaremos a salvo, y no solo eso, sino, seremos espectadores de las maravillas que el Señor hará… no sin antes haber permitido que aprendamos la lección que Él quiera enseñarnos… es en esos momento cuando necesitaremos los ojos de Dios, los ojos del don de la fe… ya que sin ese precioso don, es imposible sobrevivir a cualquier dificultad… lo único que puede mantener a un hijo de Dios sobre las alturas en medio de las pruebas, es ese don dado únicamente por el Espíritu Santo….
¿En quién estará nuestra confianza cuando vengan las luchas? Los que no conocen al Señor Jesucristo, correrán por ayuda al ser humano, buscarán refugio en una institución, quizás pondrás tu confianza en el gobierno, en un amigo, o en el esposo, los hijos, etc.…
Daniel 11:32 dice; más el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará…
Solamente a través de las dificultades y luchas de la vida podremos conocer a nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, y cuando verdaderamente le conocemos, lucharemos, nos esforzaremos para vencer cualquier obstáculo que se presente en nuestra vida, pues al conocerlo personalmente sabemos que está peleando juntamente con nosotros la batalla… actuaremos como soldados y siervos fieles y leales a su autoridad…solo aquellos hijos de Dios que conocen a su Señor Jesucristo, se esforzaran y actuarán como las águilas, no quedándose en la tormenta, sino mas bien volando sobre la tormenta.
Querido amigo, querida amiga, como siempre hay dos opciones, o usted se queda por debajo de las dificultades, envuelta en un mar de problemas o extiendes tus alas, y subes sobre la tormenta, hacia el monte de Dios. ¡Tú decides!

domingo, 22 de septiembre de 2013

La importancia de saber decir "no"




 El vigilante de un pequeño pueblo tenía la función de mantener viva la luz del faro. 
Para eso, debería suministrarle aceite de día y de noche. 
Era un trabajo de mucha responsabilidad porque el faro guiaba los navíos que pasaban por lugares estrechos, peligrosos y llenos de piedras.
Junto al faro, había una pequeña aldea y, constantemente un residente de allí venía hasta el vigilante a pedirle un poco de aceite para sus lámparas.
El vigilante, hombre muy amable, nunca le dijo “no".
Y actuando de esta manera, con el tiempo, el vigilante gastó todo su suministro de aceite del faro y, poco a poco, la luz importante de la torre fue debilitando se, hasta que se apagó por completo.
El vigilante entró en pánico cuando vio ante él,  un cuadro que él mismo había ayudado a pintar: un gran navío lleno de hombres acercándose  al estrecho, chocó contra las rocas y se hundió.
Su actitud insensata e irresponsable, aunque bien intencionada, terminó provocando la muerte de muchas otras personas inocentes.
Hay momentos en la vida, principalmente para aquellos que hacen la Obra de Dios, sea un Pastor, Auxiliar, obrero, Joven, o Evangelista, que debemos actuar con firmeza y saber cómo decir "no".
Si nos desviamos de nuestras responsabilidades, podremos causar pérdidas en la vida de quienes depositaron confianza en nuestro trabajo.

miércoles, 31 de julio de 2013

¿Que nos trae el tiempo?



Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo.
Un día el hijo le dijo: ¡Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo. ¿Por qué le llamas desgracia? respondió el padre, veremos  que nos trae el tiempo...
A los pocos días el caballo regreso, acompañado de otro caballo. ¡Padre, que suerte! exclamo esta vez el muchacho. Nuestro caballo ha traído otro caballo. ¿Por qué le llamas suerte? Preguntó el padre. Veamos que nos trae el tiempo.
En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, saltó  y lo arrojo al suelo. El muchacho se quebró una pierna. ¡Padre, que desgracia, exclamo ahora el muchacho! ¡Me he quebrado la pierna! Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentencio: ¿Porque le llamas desgracia? ¡Veamos que nos trae el tiempo!
El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que murmuraba en su cama.
Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna quebrada, lo dejaron y siguieron de largo. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.
Lo mejor es esperar, pero sobre todo confiar en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas de acuerdo a su plan Divino.

                                    Piense en esto y que Dios los bendiga.
                              

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