jueves, 18 de abril de 2013

Cuando sentirse decepcionado





¿No es maravilloso saber que no podemos desilusionar o engañar  a Dios? Puesto que el Señor Jesús conoce cada decisión que tomamos, Él nunca puede ser sorprendido o decepcionado por nuestras decisiones. Él no tiene falsas expectativas de lo que Él puede o no lograr, y nos ama, pase lo que pase.
Cuando otras personas pasan por experiencias difíciles, dolorosas o decepcionantes, algunos  se apresuran a hablar de Romanos 8.28: “Y sabemos  que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan para bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Pero, ¿aplicamos este versículo a los desafíos de nuestra propia vida? Porque aconsejar es fácil, pero cuando tenemos que vivir en nuestra propia piel, ¿cómo actuamos?  ¿Tenemos fe en que Dios está trabajando a nuestro favor, no importa cuán preocupantes puedan ser, para al final traernos la victoria?
Creemos que Jesús es el Mesías que vendrá otra vez. Creemos en la salvación por medio de la fe. Creemos que pasaremos la eternidad en el cielo. Decimos sinceramente “¡Amén!” a todo eso, pero cuando sufrimos una gran decepción  en la vida, clamamos: “Señor, ¿dónde estás que no lo veo? ¡Ayúdame!”
Una cosa es conocer esas verdades intelectualmente, pero otra cosa es vivir por fe. ¿Podemos aplicar los principios de las Sagradas Escrituras a nuestra vida diaria para que las desilusiones imprevistas no nos impidan ser los Siervos que Dios quiere que seamos?
Sufrir decepciones no significa que nuestro Señor no nos ama. Él desea que saquemos provecho de las circunstancias  más difíciles, es así que los grandes Siervos son formados, por medio de las dificultades, Él quiere lo mejor para nosotros. Recordemos que Dios está más interesado en nuestro crecimiento espiritual que en aliviar nuestro dolor. Es posible que lo mejor de Él no sea siempre lo que quisiéramos, pero debido a que su naturaleza es amarnos (1 Jn 4.8), podemos tener la absoluta certeza  de que hasta las desilusiones y luchas  son para nuestro bien.
¿Usted vive y cree en esto? Piense en esto y que Dios los bendiga.

lunes, 1 de abril de 2013

El Gusano y la Mariposa


Había una vez un gusano que iba por el campo. Era de color blanco con puntitos verdes en la espalda. Nadie lo quería porque decían que era muy feo y repugnante. El pobre gusano se arrastraba muy triste por el suelo. Cuando llegaba a una planta, todos los insectos que había en ella se burlaban de él. No encontraba a nadie que le hiciera compañía, o quisiera jugar con él.
La única distracción que tenía, era subirse a lo alto de un árbol y ver volar a las mariposas. Daría cualquier cosa por volar como ellas. Se pasaba allí horas y horas observándolas. Pero cuando bajaba al suelo, volvía a encontrarse con las mismas burlas e insultos de siempre. Cansado de todo esto, decidió subirse a lo más alto de un árbol para que nadie pudiera encontrarlo. Nunca más volvería a bajar al suelo.
Un día, una mariposa se puso a descansar en la rama donde estaba él. Éste se acercó hacia ella y comenzaron a hablar. Al final, se hicieron muy amigos. Y desde entonces, pasaban largos ratos hablando y estando juntos. Después de un tiempo, el gusano le hizo esta pregunta:
- ¿Por qué has querido ser mi amiga si nadie me quiere por lo feo y repugnante que soy?
Y la mariposa le respondió:
- Lo que importa para ser amigos, no es cómo eres por fuera, sino lo buena persona que eres por dentro.
El gusano estaba muy contento porque había encontrado un amigo de verdad. Estaba tan feliz, que una noche, mientras estaba durmiendo en lo alto del árbol, su cuerpo comenzó a transformarse. A la mañana siguiente, se había convertido en una mariposa bellísima, como nunca se había visto. Cuando su amiga mariposa vino a verle, y vio lo que le había ocurrido, se alegró mucho y le dijo:
- Ahora has sacado hacia fuera, la belleza y lo buena persona que antes eras por dentro.
Y las dos se pusieron a volar juntas. Desde ese momento, cada vez que veían a un gusano triste en lo alto de alguna rama, bajaban y se ponían junto a él. Y se volvía a repetir la misma historia.

martes, 5 de marzo de 2013

La maldicion de Chávez a Israel y su consecuencia

 
 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra." Genesis 12:3

Todo pasa...




Hubo una vez un rey que llamó a los sabios de la corte para darles un encargo:
- Me estoy fabricando un precioso anillo de oro con un gran diamante.
Abajo del diamante, quiero guardar algún mensaje que me ayudará a mí y a todo hombre en los momentos difíciles de la vida.
Obviamente, tiene que ser un mensaje pequeño para que quepa en el anillo. Todos esos sabios eran grandes eruditos.
Podrían haber escrito grandes mensajes sobre cualquier tema. Así que pusieron sus mentes a trabajar.
Durante un año, pensaban y debatían. Buscaban en todos sus libros. Consultaron a otros sabios en países lejanos.
Pero no podían encontrar nada. Y tuvieron que reportar su falla al rey.
Cuando reportaban esto, estaba presente un anciano sirviente de la familia real, conocido por su devoción al Dios Altísimo.
Éste intervino diciendo: – Oh, Majestad, No tengo estudios, no soy un erudito, ni un académico, apenas creo en Dios. Pero creo tener lo que le servirá.
Y el anciano de fe escribió algo en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey, diciendo: – Pero no lo leas ahora. Mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían.
Eran pocos sus seguidores y los perseguidores eran numerosos.
Se sentía desesperado y al punto de rendirse. De repente, se acordó del anillo. Sacó el papel y allí encontró su pequeño mensaje, lo que decía simplemente: "Esto también pasará"
Aquellas palabras le resultaron milagrosas. Le inspiraron nueva fe y coraje. Redobló sus esfuerzos y escapó.
Al fin de un año, logró reunir a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital, hubo una gran celebración en el palacio con música, bailes, comida, etc. El Rey presidía las festividades desde su trono, sintiéndose muy orgulloso de sí mismo.
El anciano de fe se acercó y le dijo: – Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje del anillo.
- ¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso; la gente celebra mi regreso; no estoy desesperado; no me encuentro en una situación sin salida.
El anciano respondió: – Ese mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará" El anciano le dijo:

- TODO PASA. Ninguna cosa o sentimiento en la vida son permanentes, todo viene y todo se va, como el día y la noche. Habrá momentos donde usted estará muy contento, exitoso, victorioso y lleno de paz. Sepa que: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”. O de repente usted en este exacto momento está pasando por el peor momento de su vida se siete abandonado, sufrió una injusticia, sepa que: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”. No importa quién sea usted todos tenemos un anillo que dice: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...