lunes, 1 de abril de 2013

El Gusano y la Mariposa


Había una vez un gusano que iba por el campo. Era de color blanco con puntitos verdes en la espalda. Nadie lo quería porque decían que era muy feo y repugnante. El pobre gusano se arrastraba muy triste por el suelo. Cuando llegaba a una planta, todos los insectos que había en ella se burlaban de él. No encontraba a nadie que le hiciera compañía, o quisiera jugar con él.
La única distracción que tenía, era subirse a lo alto de un árbol y ver volar a las mariposas. Daría cualquier cosa por volar como ellas. Se pasaba allí horas y horas observándolas. Pero cuando bajaba al suelo, volvía a encontrarse con las mismas burlas e insultos de siempre. Cansado de todo esto, decidió subirse a lo más alto de un árbol para que nadie pudiera encontrarlo. Nunca más volvería a bajar al suelo.
Un día, una mariposa se puso a descansar en la rama donde estaba él. Éste se acercó hacia ella y comenzaron a hablar. Al final, se hicieron muy amigos. Y desde entonces, pasaban largos ratos hablando y estando juntos. Después de un tiempo, el gusano le hizo esta pregunta:
- ¿Por qué has querido ser mi amiga si nadie me quiere por lo feo y repugnante que soy?
Y la mariposa le respondió:
- Lo que importa para ser amigos, no es cómo eres por fuera, sino lo buena persona que eres por dentro.
El gusano estaba muy contento porque había encontrado un amigo de verdad. Estaba tan feliz, que una noche, mientras estaba durmiendo en lo alto del árbol, su cuerpo comenzó a transformarse. A la mañana siguiente, se había convertido en una mariposa bellísima, como nunca se había visto. Cuando su amiga mariposa vino a verle, y vio lo que le había ocurrido, se alegró mucho y le dijo:
- Ahora has sacado hacia fuera, la belleza y lo buena persona que antes eras por dentro.
Y las dos se pusieron a volar juntas. Desde ese momento, cada vez que veían a un gusano triste en lo alto de alguna rama, bajaban y se ponían junto a él. Y se volvía a repetir la misma historia.

martes, 5 de marzo de 2013

La maldicion de Chávez a Israel y su consecuencia

 
 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra." Genesis 12:3

Todo pasa...




Hubo una vez un rey que llamó a los sabios de la corte para darles un encargo:
- Me estoy fabricando un precioso anillo de oro con un gran diamante.
Abajo del diamante, quiero guardar algún mensaje que me ayudará a mí y a todo hombre en los momentos difíciles de la vida.
Obviamente, tiene que ser un mensaje pequeño para que quepa en el anillo. Todos esos sabios eran grandes eruditos.
Podrían haber escrito grandes mensajes sobre cualquier tema. Así que pusieron sus mentes a trabajar.
Durante un año, pensaban y debatían. Buscaban en todos sus libros. Consultaron a otros sabios en países lejanos.
Pero no podían encontrar nada. Y tuvieron que reportar su falla al rey.
Cuando reportaban esto, estaba presente un anciano sirviente de la familia real, conocido por su devoción al Dios Altísimo.
Éste intervino diciendo: – Oh, Majestad, No tengo estudios, no soy un erudito, ni un académico, apenas creo en Dios. Pero creo tener lo que le servirá.
Y el anciano de fe escribió algo en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey, diciendo: – Pero no lo leas ahora. Mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían.
Eran pocos sus seguidores y los perseguidores eran numerosos.
Se sentía desesperado y al punto de rendirse. De repente, se acordó del anillo. Sacó el papel y allí encontró su pequeño mensaje, lo que decía simplemente: "Esto también pasará"
Aquellas palabras le resultaron milagrosas. Le inspiraron nueva fe y coraje. Redobló sus esfuerzos y escapó.
Al fin de un año, logró reunir a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital, hubo una gran celebración en el palacio con música, bailes, comida, etc. El Rey presidía las festividades desde su trono, sintiéndose muy orgulloso de sí mismo.
El anciano de fe se acercó y le dijo: – Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje del anillo.
- ¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso; la gente celebra mi regreso; no estoy desesperado; no me encuentro en una situación sin salida.
El anciano respondió: – Ese mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará" El anciano le dijo:

- TODO PASA. Ninguna cosa o sentimiento en la vida son permanentes, todo viene y todo se va, como el día y la noche. Habrá momentos donde usted estará muy contento, exitoso, victorioso y lleno de paz. Sepa que: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”. O de repente usted en este exacto momento está pasando por el peor momento de su vida se siete abandonado, sufrió una injusticia, sepa que: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”. No importa quién sea usted todos tenemos un anillo que dice: “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Estudio del Apocalipsis Capitulo 2 (Parte 11)



La Iglesia de Tiatira
2:18 Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto:
2:19 Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.
2:20 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.
2:21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.
2:22 He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella.
2:23 Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.
2:24 Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga;
2:25 pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.
2:26 Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,
2:27 y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre;
2:28 y le daré la estrella de la mañana.
2:29 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
La  Carta a Tiatira, ciudad localizada a unos 65Km al este de Pérgamo, es la más larga de las siete. Es probable que Alejandro Magno haya fundado la ciudad de Tiatira, unos trescientos años antes de Cristo. Esta era una ciudad rica de Macedonia, que se conocía en el mundo antiguo  por sus sobresalientes tinturas de colores. Se ha sugerido que la Iglesia de Éfeso fue la que evangelizó a esta ciudad, o tal vez Lídia, la primera que respondió al mensaje de Pablo en Filipos (Hechos 16:14), la principal característica de esta Iglesia parece ser sus obras hacia la gente.
La era de la Iglesia oscura
La era de la Iglesia de Tiatira produjo lo que en la historia se conoce como la edad oscura. “Oscura” indica que el programa de mezclar el paganismo con el cristianismo que comenzó durante la era de la Iglesia de Pérgamo, enfatizó cada vez más al paganismo, que es oscuridad. La luz que Jesús confió a su Iglesia se extinguió durante esta época, y no volvió encenderse hasta el día de la reforma.
 Continuando con la historia de la Iglesia desde donde la dejamos, en la Iglesia de Pérgamo, encontramos los siguientes cambios y doctrinas que tuvieron su origen en el paganismo que se añadieron a la Iglesia durante este periodo.
607 d.c.: Bonifacio lll es nombrado como primer Papa.
709 d.c.: Se le besan  los pies al Papa.
786 d.c.: Se adoran imágenes y reliquias.
850 d.c.: Se comienza a usar el “agua bendita”.
995 d.c.: Se canoniza a los santos que se han muerto.
998 d.c.: Se ayuna los viernes y durante la cuaresma.
1079 d.c.: Celibato de los Sacerdotes.
1090 d.c.: Se reza el rosario.
1184 d.c.: La inquisición.
1190 d.c.: Se venden las indulgencias.
1215 d.c.: La transustanciación.
1220 d.c.: Adoración de la hostia.
1229 d.c.: Se le prohíbe leer la Biblia a los laicos.
1414 d.c.: Se le Prohíbe a la gente participar de la copa durante la santa cena.
1439 d.c.: Se decreta la doctrina del purgatorio.
1439 d.c.: Se confirma la doctrina de los siete sacramentos.
1508 d.c.: Se aprueba el Ave María.
1534 d.c.: Se funda la orden de los jesuitas.
1545 d.c.: Se le otorga a la tradición, la misma autoridad de la Biblia.
1546 d.c.: Se agregan a la Biblia los libros apócrifos.
1854 d.c.: Inmaculada concepción de María.
1864 d.c.: Se proclama el Syllabus Errorum.
1870 d.c.: Se declara la infalibilidad del Papa.
1930 d.c.: Se condena a las escuelas públicas.
1950 d.c.: Asunción de la virgen María.
1965 d.c.: Se proclama a María madre de la Iglesia. 
                                                      
                                                                                             Continúa...

miércoles, 23 de enero de 2013

Volviendo al primer amor




  “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;
y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”
Apocalipsis 2:4 

El recibir a Jesucristo como tu único Señor y Salvador es una de las cosas más bellas que el ser humano puede experimentar en esta vida, es algo que si tu no lo experimentas nunca sabrás a que me refiero.
Luego de recibir al Señor Jesús nuestra vida cambia totalmente, no por una imposición, sino por el milagro que se denomina: Nacer de nuevo. Este milagro nos lleva a amar a Dios como jamás antes lo habíamos amado y ese mismo amor nos lleva a querer hacer algo para agradecerle el hecho que ha cambiado nuestra vida y nos ha dado vida eterna. Es ahí donde comenzamos a servir a Dios, con un corazón sencillo, pero con muchas ganas de servirle.
¿Recuerda las primeras cosas que usted hacía para Dios? Yo me recuerdo muy bien la primera noche que dormí en la Iglesia, hicimos una vigilia para buscar el Espíritu Santo, a las tres de la mañana nos acostamos en unas bancas de madera y sin comodidad alguna, más una alegría por tener el privilegio de estar durmiendo en la casa de Dios, como soñábamos en salir por el mundo para predicar la palabra de Dios. Durante el domingo la Fuerza Joven se reunía a las 13 horas, normalmente no teníamos dinero para comer, entre todos se juntaba lo se podía y comprábamos pan y fiambre, comíamos como si fuera la comida más rica del mundo. Y éramos felices, no nos  importaba si teníamos algo que comer o vestir, queríamos sí servir a Dios.
Todos hemos tenido momentos de alegría como estos, usted se  sentía el hombre o la mujer más feliz del universo, porque Dios había cumplido tu sueño de servir en la iglesia, ¿y cuando usted fue levantado de Obrero se acuerda? Usted tomaba el uniforme prestado con alguien y se sentía una persona realizada, cuantos votos, planes, visitas, evangelizaciones, el día era pequeño para usted. Todo lo que usted hacía le daba alegría, limpiar la Iglesia, el baño, sacar la basura, preparar las reuniones y cosa tal. Hacíamos todo con mucho cariño y esmero.
Pero infelizmente con el transcurrir de los años, llega un momento en donde el servicio se convierte de nuestra parte en algo monótono, algo que se hace una rutina y perdemos el sabor de hacerlo con las mismas ganas o con el mismo anhelo de antes. A eso la Biblia le llama: “Perder el Primer Amor”.
A lo mejor usted es una de esas personas que después de un tiempo, ahora ya no le sientes el mismo gusto por servir, a lo mejor ahora ya ni siquiera valora aquello que con tanto esmero y lágrimas pidió a Dios que le diera, el uniforme que usted usa se tornó pesado, antes usted oraba para que algún demonio manifestara en sus manos, y hoy usted huye de la persona que necesita ser liberada.
Siervo y Sierva de Dios, en el versículo que acabamos de leer hay una palabra de Dios para usted: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo”, a lo mejor has trabajado mucho para el Señor por amor a Él, pero ha llegado un momento en tu vida, en donde estás haciendo las cosas solo por hacerlas, quizá por compromiso o por una simple rutina, a eso yo le llamo: “Servir a Dios, pero sin Dios”.
¿De qué te sirve realizar una tarea para el Señor Jesús, si no lo estás haciendo con todo su corazón?, ¿Acaso a Dios se le escapa eso?, Definitivamente ¡No!, Dios quiere  que usted mantenga el mismo amor hacia él y hacia su obra, ese mismo amor que demostraba al inicio, cuando todo era un gozo para usted, cuando se preparaba para trabajar en una reunión usted daba todo de sí, cuando oraba por los enfermos, cuando atendía las personas. Dios quiere que recuerdes aquellos momentos en donde usted tenía gozo en servirle, en donde el servicio no era una rutina para ti, sino más bien una oportunidad más de agradecer a Dios todo lo lindo que ha hecho por ti.
Dios te dice en esta hora: “¿Dónde está tu primer amor?”, ¿Sabes? Dios quiere verte nuevamente sonriendo, alegrándose en la obra de Dios, haciendo aquellas pequeñas cosas como si fueran muy grandes, sirviéndolo a Él, pero sin olvidarse de Él.

Posiblemente usted está pasando por un momento en donde hasta olvido lo que se sentía hacer algo por amor al Señor Jesús. En esta hora te digo: ¡Vamos!, es hora de comenzar de nuevo diga al Señor:
“Quiero volver a empezar con un corazón sencillo como al principio te conocí, recuperar aquella pasión, cuando mi deseo era vivir toda mi vida para Dios, necesito regresar a lo que viví cuando recibí tu perdón, quiero volver a empezar otra vez”.
Dios está con los brazos abiertos, esperando el momento en donde regrese a tu primer amor, puesto que él  quiere usarlo en sobremanera.

                                                                           Piense en esto y que Dios los bendiga.


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