viernes, 4 de mayo de 2012

Como reavivar el fuego de Dios en nuestras vidas



Que puede usted (Obrero/Obrera), ¿hacer si ha perdido su entusiasmo por servir? Tal vez las circunstancias difíciles,  pruebas de la vida, o alguna injusticia le han llevado a desanimarse.
Tal vez usted sea un Obrero (a) que hasta usa un uniforme los días domingo y o  viernes, simplemente trabaja, pero el Espíritu Santo parece estar ausente de su vida y no se ve ningún fruto.
Pablo dijo a Timoteo:" Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti". (2 Tm 1:6). Pero, ¿cómo lograr eso? Dios no enseña que se debe hacer cada vez que la llama del Espíritu Santo está por extinguirse. 
La Obra de Dios es emocionante, servir como Obrero (a), evangelista, Joven es un privilegio  cuando estamos llenos del Espíritu Santo, pero en algún momento los Siervos de Dios se sienten desanimados. Si usted en este exacto momento se encuentra desanimado, doble sus rodillas ante el Señor Dueño de la Obra y pídale nuevas fuerzas, examine su vida, arrepiéntase de cualquier pecado, y sométase a la dirección de Dios en todo.  
Cuando los Siervos de Dios  se enfocan en los obstáculos, estos se hacen más grandes. Pero cuando ponemos nuestros ojos en Jesús, Él se vuelve más grande que cualquier problema que enfrentan.  
Cuando los Siervos de Dios se están desanimados, el diablo trabaja en sus mentes: no puedes hacerlo, nadie te aprecia, ¿por qué no tira la toalla? ¿Por qué no entrega su uniforme y siga como miembro? Estas grande y sigue soltero (a), cosas como estas que el diablo ha hablado, pero tenemos que reconocer que es la voz del diablo y por este motivo no dar oídos.
Los Siervos de Dios deben desconectar los teléfonos, los aparatos electrónicos y los pasatiempos, y apartar momentos a solas con Dios en oración y lectura de la palabra de Dios para reavivar su relación íntima con Él, sin esta relación es imposible servir a Dios.
Si usted actúa de esta manera será un Siervo avivado, listo para ayudar a otras personas, incluso a otros Siervos.

lunes, 30 de abril de 2012

La Batalla Nuestra de Cada Día




Cada mañana cuando usted y yo despertamos, estamos en  una batalla, muchos Obreros (as), evangelistas, Jóvenes y Miembros de la Iglesia, no toman en serio esta realidad. Sin embargo, cuando hablamos de guerra (Espiritual), debemos recordar que cada día vivimos en medio de una batalla real y personal que debemos enfrentar, la biblia nos deja bien claro que no luchamos contra sangre y carne y sí contra principados y potestades. No reconocerlo resulta en una derrota constante y dolorosa,  existen muchos que hacen la obra, que se sienten confundidos y desmoralizados, porque no entienden el porqué siguen siendo fracasados espiritualmente, justo cuando  creen que han vencido una batalla, se levanta otra para derrotarlos. Una de las principales razones por la que muchos Siervos de Dios son derrotados, es porque el diablo los toma totalmente desprevenidos. Estos Siervos simplemente pasan sus días sin darse cuenta de guerra que se libra  en sus vidas, al mismo tiempo que cuestionan la palabra de Dios, diciendo:" Si este libro es todo lo que dice que es, y si el Evangelio es tan poderoso como has prometido, ¿por qué, entonces, no está funcionando en mi vida?
El problema no es que la palabra de Dios le falta poder, sino que muchas veces no se reconoce la batalla espiritual que esta alrededor de aquellos que sirven a Dios, estamos en un guerra, es una lucha por nuestras vidas, no la vida física y sí la vida espiritual. La única manera de sobrevivir a este conflicto es preparándose para la batalla, meditando en la palabra de Dios, con oraciones y ayunos.




miércoles, 25 de abril de 2012

Seguir el Propósito de Dios




¡Oh Profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

A la mayoría de nosotros nos gusta sentir que tenemos el control de nuestra vida, y nos frustramos cuando las cosas no salen según lo planeado. Pero si realmente deseamos andar en el centro de la voluntad de Dios, debemos estar dispuestos a cooperar con sus planes. Piense en la manera cómo ora, en cuanto a las situaciones de su vida. Sin que se dé cuenta, es posible que le esté exigiendo a Dios que siga la agenda que usted ha hecho. Pero si creemos que Él es quien dice ser, ¿cómo puede el entregarse a su dirección no ser para nuestro beneficio? Piense en las asombrosas cualidades del Señor:
Su conocimiento total. A diferencia de nosotros, el Señor tiene conocimiento absoluto de nuestro mundo, y de los detalles pasados, presentes y futuros de cada vida.
Su sabiduría absoluta. Dios entiende todos los motivos del hombre, pues tiene la sabiduría para tomar acciones basadas en la verdad.
Su amor incondicional. Nuestro Creador está motivado por el amor, y continuamente quiere lo mejor para nosotros. A menos que confiemos en su amor, nuestra perspectiva de la realidad será distorsionada.
Su suficiencia perfecta. A su debido tiempo, Dios nos dará todo lo que necesitamos para llevar a cabo su plan. Someter nuestra vida a la voluntad Dios requiere fe y valentía; creer en la generosidad de su corazón y en sus planes; y decidir esperar hasta que Él dé la señal para seguir adelante. Después, a medida que siga el propósito de Dios, usted experimentará el gozo de verlo obrando en su tiempo.


martes, 17 de abril de 2012

¿Cuál es su verdadero propósito?




¿Para qué cosas vive usted cada día? ¿Para tener un aumento de sueldo? ¿Una jubilación? Entonces, quizás ha descubierto la realidad de que, basar las aspiraciones en abrirse camino en este mundo, termina normalmente en frustración. Las personas con un sentido equivocado de dirección se preguntan a menudo por qué se sienten insatisfechas.
Tal vez usted ya logró ahorrar para el futuro o ascender en el mundo laboral. Da a una institución benéfica, y hace trabajo voluntario, pero sigue siendo una persona vacía. Si es así, necesita recordar que Dios nos da la vida por una razón muy específica: para que le sirvamos. Nadie encuentra paz interior si no acepta este hecho. Nuestra sociedad nos enseña que el placer, la prosperidad y la popularidad nos harán felices; pero vivir al servicio del ego siempre deja un vacío que ninguna gratificación terrenal puede llenar.
Además, pocos vivirán 100 años. Por tanto, lo que vamos a ser en esta vida, ya lo estamos siendo en este mismo momento. Pensemos en David quien fue ungido rey mucho antes de asumir realmente ese rol (1 S 16.12). Pasó muchos años cumpliendo el propósito de Dios en posiciones insignificantes mientras se convertía en un gran hombre. Como lo demuestra su historia, descubrir el propósito de Dios para la vida, es el camino más seguro al éxito.
El propósito de nuestro Padre celestial para nuestras vidas es perfecto. Ninguno de nosotros puede predecir las cosas maravillosas que Él nos tiene reservadas, pero podemos confiar en su plan por completo. Ríndase a Él hoy, y diga: "No se haga mi voluntad, Señor, sino la tuya".

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